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ATENCIÓN: El siguiente artículo se publicó en la revista QUERCUS, núm. 44, en el año 1989, por lo que algunos de los datos citados no se corresponden con la situación o estado de conocimiento actual de la especie.

 

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Situación de la Lechuza de Tengmalm (Mochuelo Boreal) Aegolius funereus en la Península Ibérica


Texto de Oriol Alamany

 

Uno de los hechos más sorprendentes ocurridos en la ornitologia ibèrica de estos últimos años, ha sido el descubrimiento de la presencia de la Lechuza de Tengmalm Aegolius funereus en el Pirineo Catalán.

En este artículo se resumen los resultados de siete años de prospecciones, escuchas nocturnas e instalación de cajas-nido para esta ave en la vertiente Sur de la Cordillera Pirenaica. Hasta el momento se han localizado una treintena de parejas y siete nidos,
los primeros descubiertos en España

   Desde la aparición de nuestro primer artículo (ver Quercus núm. 13, de Abril de 1984) donde dábamos a conocer las primeras citas de esta pequeña rapaz obtenidas en España, hemos seguido trabajando hasta conseguir comprobar por primera vez su reproducción en la península.

   El estudio sobre la lechuza de Tengmalm empezó en el año 1982 como secuela de otro trabajo que estabamos realizando sobre la ecologia de las Estrigiformes en la alta montaña pirenaica. En aquellas fechas constatamos que ninguna de las especies conocidas vivia habitualmente en la franja de bosques subalpinos situados por encima de los 1.700 metros de altitud. Pensamos que estos bosques, con sus nada desdeñables poblaciones de topillos y ratones, no podian ser desaprovechados por un Orden tan ubiquista como el de las rapaces nocturnas. Empezamos una sistemática exploración de estos bosques mediante escuchas nocturnas en busca de la lechuza de Tengmalm o del mochuelo chico, los dos posibles candidatos a ocupar la zona. A lo largo de estos siete años, hemos descubierto que es la lechuza la que aprovecha la biomasa de estos bosques, no habiendo oido ni encontrado en este tiempo ni un solo indicio de la presencia del mochuelo chico, a pesar de la existencia de una cita reciente (no sabemos si muy fiable) en la vertiente francesa. Una sola vez nos pareció oir claramente su canto, pero al final resultó ser un joven cárabo que estaba ejercitando su inexperta garganta. Hay que ir con mucho tiento en la busqueda de estas rapaces nocturnas, ya que el cárabo es capaz de emitir algunos gritos extraordinariamente parecidos a las voces e incluso al canto de la lechuza de Tengmalm.

   La prospección exhaustiva de los bosques pirenaicos tambien nos ha permitido localizar algunas pocas parejas de otros buhos reproduciendose esporádicamente a grandes altitudes. Es el caso del buho chico (escaso), del cárabo y del búho real (estos últimos en muy contadas ocasiones).

Un poco de historia

   La situación de la lechuza de Tengmalm en España ha estado rodeada siempre de un absoluto desconocimiento. En 1967, Bernis estimaba como "no seguras " algunas citas existentes en obras (realmente poco fiables) de principios de siglo. Sin embargo, es especialmente curiosa la referencia encontrada por nuestro compañero Miquel Rafa, en Bleach (1892), donde incluso se le aplica un nombre popular que hace referencia a sus patas, densamente emplumadas para protegerse de las bajas temperaturas:

   "Como se parece mucho a la lechuza, no es extraño que la designen por LECHUZA CALZADA en el norte y noroeste de España. En los Pirineos catalanes la apellidan óliba calssada".

   En 1975, Alfredo Noval , en su Fauna Ibérica afirma que "no se reproduce en España " y "la posibilidad de ver esta especie en Iberia es remota ".

   Entre 1976 y 1978, Roger Prodon y Francisco Purroy, animados por unas recientes observaciones en el Pirineo francés, realizaron escuchas sin éxito en el Pirineo Oriental Catalán. Seria un ornitólogo francés, Jean-Claude Stahl, quien el 31 de mayo de 1981 haria la primera citacion para el Estado español, al oir cantar a 2 o 3 machos en una localidad del Pirineo Oriental Catalan. Sin embargo, al no publicar nunca la cita, no tuvimos conocimiento de ella hasta fecha muy reciente.

   En 1984, publicamos el artículo en Quercus , donde se recogian los primeros datos después de dos años de búsquedas. Sin embargo, son numerosos los artículos y obras aparecidas desde entonces en que se sigue considerando a la lechuza de Tengmalm como inexistente en nuestro país.

Censo y área de distribución

   El primer objetivo de nuestro estudio era localizar el máximo número de parejas para conocer, con la máxima precisión posible, el área de distribución de la especie. Para la localización de parejas hemos realizado, desde 1982 hasta 1989, un total de 127 escuchas al crepúsculo o de madrugada (Horas de máxima frecuencia del canto), o durante toda la noche, en un total de 54 puntos diferentes del Pirineo (Pinares de pino negro o silvestre, abetales, hayedos-abetales y hayedos), en altitudes comprendidas entre los 1.400 y los 2.200 metros.

   Como esta ave acostumbra a cantar entre los meses de enero y abril, cuando la nieve dificulta en gran medida el acceso a los bosque más altos, debemos acceder a ellos a pie o mediante esquis de fondo o de montaña. Luego esperamos hasta la hora adecuada para la escucha. En caso negativo, procedemos a la reproducción grabada de su canto para estimular su respuesta. Hace dos años dejamos el cassette e imitamos el canto silbando lo que, además de aligerar considerablemente la carga, provoca tan bien o incluso mejor la respuesta.

   También se han realizado prospecciones diurnas en busca de bosques adecuados, seleccionando después algunos de ellos para las escuchas invernales, o controlando en primavera las cavidades naturales y nidos de pícidos en busca de índices de nidificación. Con este objeto hemos visitado gran número de bosques catalanes, además de algunos del Pirineo Oscense, Navarro y de la Cordillera Cantábrica, así como algunas localidades en el Pirineo Francés.

   Esto nos ha permitido localizar unas 11-14 parejas de esta lechuza. Si a ellas sumamos las citas obtenidas por otros ornitólogos (Canut, García, Marco, Sanz, Massanés y Martí, en Cataluña; y los de Gargallo y Cheliz en Huesca) resultan, para el estado español, un total de unas 29 a 32 parejas (26-29 de ellas en el Pirineo Catalán).

   En la Cordillera Cantábrica, existen dos citas publicadas en el libro Las Aves Rapaces de Asturias , pero ambas en hàbitats muy poco adecuados para la especie. Además, una de ellas está ilustrada con la fotografia del ejemplar en cuestión, que no es más que un joven volandero de mochuelo común, todavia con restos de plumón en la cabeza. En realidad, los bosques de la Cordillera Cantábrica parecen poco adecuados para albergar a esta rapaz en época de reproducción.

   En la primavera de 1989, J. Argelich i M.J. Dubourg, del grupo ADN (Associació per a la Defensa de la Natura), localizaron una pareja criando en un agujero de pito negro en Andorra, principado donde su existencia era desconocida hasta entonces.

   Según los ornitólogos franceses Prodon, Novoa, Dejaifve, Parde y Terrasse, en el Pirineo francés hay controladas unas 38 parejas y si bien hay observaciones de jóvenes, no se han localizado nidos desde hace 26 años.

   El total de localidades conocidas en este momento en ambas vertientes del Pirineo, oscila pues entre las 68 y las 71, si bien su número real supera sin duda el centenar. ¿Es esto debido a una expansión de la especie?. Sinceramente creemos que estas siempre han estado allí (posiblemente incluso en mayor número que ahora) pero que, dadas las dificultades que ha habido que superar para localizar las parejas, ningún naturalista se habia dedicado concienzudamente a ello.

Colocación de cajas-nido

   La búsqueda de parejas nos ha permitido constatar el lamentable estado en que se encuentran muchos bosques pirenaicos debido a la explotación forestal abusiva a que son sometidos. Ante el peligro que esto representaba para la recién descubierta población (en especial en lo concerniente a la desaparición de cavidades para nidificar), creimos necesario tomar alguna medida de protección activa, que tomó la forma de un programa de instalación de cajas-nido que iniciamos en otoño de 1985.

   En base a la bibliografia recogida se diseñó, en colaboración con el ADENC de Sabadell, un tipo de nidales que este grupo se encargaría de fabricar. La Generalitat de Catalunya, por medio de su Servei de Protecció de la Natura, costeó la parte económica del proyecto.

   En mayo de 1986 realizamos controles de las primeras cajas instaladas, con un resultado totalmente negativo. 1987 fué un año especialmente productivo ya que, además de descubrir nuevas parejas durante el invierno, el 8 de mayo controlamos las dos primeras cajas ocupadas, con 5 huevos cada una, así como 4 cajas más con restos de micromamíferos y cubetas de nido excavadas en el material del fondo. Este comportamiento es habitual en los machos de la lechuza, que lo realizan con el fin de atraer a las hembras. Como tambien es común en esta especie, parece ser que las dos hembras, que criaban a 1,5 kilometros de distancia una de otra, estaban emparejadas con el mismo macho. Durante unas fuertes nevadas tardias que se produjeron a mediados de mayo (que lamentablemente coincidieron con el periodo de eclosión) este dejó de llevar alimento a una de ellas, que perdió la puesta. El primer nido tambien se vió afectado por la adversa climatologia, volando tan solo dos de los pollos.

   En 1988 hizo un invierno extraordinariamente suave que provocó, a principios de primavera, una explosion demográfica de las poblaciones de ratones de campo. Por esta causa, las parejas controladas aumentaron el número de huevos por puesta y avanzaron esta entre uno y dos meses respecto al año anterior. Pero los frios y las nevadas que se produjeron a finales de marzo y primeros de abril coincidieron de nuevo con la delicada época de la eclosión, por lo que diversas puestas se malograron. En abril controlamos 23 cajas, con el resultado de un nido con 6 huevos abandonados y otro con 3 huevos y 3 pollos recién nacidos muertos y un tercero con una hembra incubando 7 huevos, ademas de otras seis cajas con presas y cubetas. Pensamos que esta hembra incubaba unos huevos ya echados a perder, pero afortunadamente, a finales de mes nacieron dos polluelos, que volarian sin más complicaciones.

   En 1989 se ha repetido un poco el esquema: un invierno anormalmente suave y sin nieve, seguido de copiosas nevadas a primeros de mayo e incluso hasta junio. El resultado no ha podido ser más fatídico: tan solo dos nidos y ambos abandonados, uno con un solo huevo y otro con cuatro. Además, las cajas empiezan a ser ocupadas por otras especies (Dos por abejas, una por un Trepador azul y otra por un Carbonero garrapinos), lo que da una medida de la acuciante falta de cavidades en algunos de estos bosques de montaña.

   Hasta el momento hemos instalado 27 nidales, repartidos por una franja de 125 km de extension en el Pirineo Catalan, en altitudes que oscilan entre los 1.750 y los 2.200 metros. Normalmente, se instalan de dos en dos, a escasa distancia una de otro, para fijar mejor a los machos. Tanto el número como el área cubierta, se van incrementando cada otoño.

Hábitat

   La Lechuza de Tengmalm pertenece al tipo faunístico Siberiano-Canadiense. Como ya reflejamos en nuestro primer artículo, se trata de una especie propia de la taiga boreal que se ha adaptado a vivir en los bosques subalpinos de los macizos montañosos de Europa y Norteamérica.

   Para reproducirse precisa de cavidades en árboles, ya sean naturales o excavadas por pícidos. Durante largo tiempo se consideró que esta ave dependia casi exclusivamente de los viejos nidos del pito negro, pero en el Macizo Central Francés cria en agujeros de pico picapinos y diversas parejas descubiertas por nosotros viven en lugares donde esta es la única especie de pícido presente.

   En el Pirineo, la lechuza de Tengmalm busca los lugares que, en alguna medida, más recuerdan su hábitat boreal. Normalmente se trata de bosques de coníferas (Pino negro, Abeto y alguna localidad en Pino silvestre) en altitudes que oscilan entre los 1.650 y los 2.200 metros de altitud. Durante el estudio hemos realizado mediciones del grosor de un número determinado de árboles del territorio de cada pareja, así como de zonas con cajas-nido que no han sido ocupadas. De esta manera hemos comprobado que la lechuza de Tengmalm prefiere los bosques donde predominan pinos o abetos de más de 100 años de edad, mezclados con otros de más jóvenes y en la cercanias de un calvero o limitando con un prado. Otro aspecto en que coinciden la mayoria de parejas es en el tipo de sotobosque: normalmente se trata de un estrato herbaceo de festucas sin arbustos (excepto algún enebro). Los densos sotobosques de rododendro, uno de los arbustos más característicos del Pirineo, parecen ser especialmente evitados, seguramente por la dificultad que comporta cazar micromamíferos en ellos. Tambien parece importante la presencia de un canchal o acúmulo de rocas, que contribuye a aumentar la riqueza en micromamíferos. La lechuza comparte este hábitat con las especies propias de los bosques subalpinos: el urogallo, el pito negro, el reyezuelo, el carbonero garrapinos, el verderón serrano, el piquituerto, la paloma torcaz, la becada y la ardilla son algunos de sus compañeros habituales.

   La orientación de la vertiente acostumbra a ser Norte, ya que en las umbrias los bosques son más densos, pero nuestras observaciones apuntan a que, al contrario de lo que se creia en un principio, la lechuza de Tengmalm no se encuentra en absoluto limitada a esta orientación. Seis de los nidos controlados se encuentran en bosques monoespecíficos de pino negro, orientados al SW y SE, a altitudes de 2.000, 2.050 (utilizado dos años), 2.050 y 2.100 metros (utilizado dos años). El otro, utilizado tan solo en 1988, y actualmente ocupado por un panal, se encuentra a 1.750 m, en un abetal orientado (este sí) al Norte. El nido del Principat d' Andorra se encuentra en un bosque monoespecífico de pino silvestre a 1.800 metros, orientado al W-SW.

   Como tantas otras aves boreales, este buho tiene un carácter extremadamente confiado, que le permite vivir incluso en la cercania de zonas frecuentadas o con asentamientos humanos, siempre que el bosque se mantenga en buenas condiciones. En los controles de cajas, algunos ejemplares permiten el acercamiento hasta una distancia de 20 cm y normalmente se limitan a saltar hasta una rama cercana, para volver a entrar tan pronto nos separamos del árbol.

Biologia de reproducción

   Las primeras manifestaciones vocales de los machos se han controlado, si bien de forma poco intensa, en los primeros dias de enero. A partir de entonces, el canto se manifiesta de forma bastante regular, unos 40 minutos despues de la puesta del sol.

   El canto se oye más frecuentemente entre febrero y mediados de abril, justo antes de la puesta de los huevos. A medida que entramos en el mes de mayo se reduce su frecuencia, y la lechuza se limita a emitir unas pocas estrofas al atardecer y de madrugada, para callar por completo cuando más avanza la reproducción.

   Las fechas de puesta controladas en Catalunya varian mucho según la climatologia: en 1987 se produjeron a primeros de mayo, en 1988 una a mediados de marzo y las otras dos a primeros de abril y en 1989 de nuevo a primeros de mayo.

   Aunque la pequeña cantidad de datos obtenidos hasta el momento los hace poco significativos, la mediana de huevos por puesta es de 5,50 (n=6) y la productividad es de 0,57 jóvenes por pareja y año (n=7).

   Esperamos que esta productividad tan desastrosa (en 120 nidos estudiados en Suecia fue de 2,8), no sea la norma en toda la cordillera, ya que ello supondria la desaparición de la especie en un corto espacio de tiempo. Esta bajisima productividad, producida por causas aparentemente naturales es, en la actualidad, nuestro mayor quebradero de cabeza. Es indispensable seguir más años con los controles, así como localizar un mayor número de nidos, para poder saber si realmente la población de esta rapaz está al límite de la extinción en nuestras montañas.

¿Que comen las lechuzas de Tengmalm pirenaicas?

   Los primeros datos obtenidos sobre alimentación, en base a restos y egagrópilas encontradas en las cajas-nido, confirman que esta rapaz siente una gran predilección por los pequeños roedores, si bien no desprecia a los pajarillos que comparten con él los bosques de montaña.

   Cabe destacar la gran variación anual de la dieta, según los recursos disponibles. Mientras que en 1987 fueron los topillos sus presas principales, en 1988 hubo un notable incremento en el consumo de ratones de campo, posiblemente causado por una explosión demográfica de sus poblaciones.

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  • Roedores................................74........86,05 %
- Ratón de campo.........................45.............52,33 %
- Ratilla agreste/Topillo campesino.. 11.............12,79 %
- Topillo nival................................7................8,14 %
- Topillo rojo.................................4................4,65 %
- Lirón careto................................2................2,33 %
- Indeterminados............................5................5,81 %
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  • Insectivoros..............................2............2,33 %
- Musaraña colicuadrada................2..............2,33 %
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  • Aves.......................................9...........10,47 %
- Carbonero garrapinos................3...............3,49 %
- Reyezuelo...............................1..............1,16 %
- Lúgano...................................1..............1,16 %
- Verderón serrano......................1..............1,16 %
- Paseriforme indt.......................3...............3,49 %
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  • Invertebrados.........................1...........1,16 %
- Insectos ...............................1............. 1,16 %
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  • TOTAL....................................86...... .100,00 %
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Una especie nueva, ¿hasta cuando?

   Como todo animal de pequeño tamaño, la lechuza de Tengmalm tiene un buen número de enemigos naturales. Además de la marta, que puede penetrar en los nidos y matar tanto a la hembra como a los polluelos, existen dos predadores alados, especialmente temibles, que parecen condicionar su distribución en el Pirineo: el cárabo y el azor. El primero es enemigo declarado de la lechuza en toda Europa, empujandola a vivir en los bosques más altos y frios, donde él no puede vivir. En contadisimas localidades se puede oir a las dos especies al mismo tiempo y sus territorios nunca coinciden. El azor, rapaz de hábitos crepusculares especialmente abundante en Catalunya, es una perfecta máquina de capturar lechuzas, especialmente a los despistados y ruidosos jóvenes. Afortunadamente, tampoco gusta de las altitudes, por lo que las lechuzas se esfuerzan en vivir lo más arriba posible para librarse de sus feroces ataques.

   En cuanto a la reproducción, el factor más negativo para la productividad de la especie, son las nevadas tardias que cada primavera se producen en la cordillera. Hasta el momento, no comprendemos muy bien como una especie boreal, que deberia estar acostumbrada a estas duras condiciones, no logra reproducirse bien en la alta montaña pirenaica. Una posible teoria seria la de que estas anormalidades climatologicas (cada vez empieza a nevar más tarde, y las nevadas tardias incrementan su frecuencia de año en año) podrian tener alguna relación con los recientes cambios climáticos. De todas maneras, el escaso número de parejas controladas hasta el momento no es representativo del total de la población.

   Si bien el número de parejas de lechuza de Tengmalm estimado para el Pirineo español (de momento muy a grosso modo) puede oscilar entre las 50 y las 100 parejas, el futuro de esta ave no es excesivamente optimista. Hay que pensar que son pocas las rapaces ibéricas con tan poco número de parejas conocidas.

   En el Pirineo Catalán, principal reducto de la especie, se esta llevando a cabo una alarmante destrucción de los bosques de montaña. Además de la eliminación de la bóveda arborea, que proporciona refugio y rincones oscuros para el descanso diurno de la lechuza, la explotación forestal elimina sin contemplaciones los árboles más viejos, con sus cavidades tan necesarias para la nidificación. Este es uno de los mayores problemas que afectan actualmente a la fauna forestal pirenaica, ya que debido a la rigurosa climatologia, la recuperación de estos bosques es extremadamente difícil, y cada vez son menos los retazos de bosque adecuados para acoger a esta interesante ave.

   El hecho de que el 70% de las parejas catalanas se encuentren dentro de los límites de Parques Naturales, Reservas Naturales y Reservas Nacionales de Caza, no significa en absoluto una garantia para su conservación. Un guarda de una Reserva Nacional de Caza nos decia tan tranquilo, ante la visión de un bosque arrasado (habitado hasta entonces por urogallos y probablemente lechuzas) del que sobresalian unos pocos y escualidos troncos: "Eso no es nada, tan solo han sacado la madera mala"!!

   Catalunya acoge el 90% de esta reducida población, por lo que es en buena parte responsabilidad de la Administración catalana el mantenerla fuera de peligro. Una posible solución para asegurar la conservación de la lechuza de Tengmalm seria crear unas àreas de bosque intocadas dentro de cada Reserva de Caza o Parque Natural. Eso favoreceria tambien al urogallo, la becada, el pito negro y demás fauna forestal en general. En 1989, la Generalitat de Catalunya ha declarado una Reserva Natural forestal y ha aprobado indemnizaciones para que no se corten pequeños retazos de bosques subalpinos con el fin de proteger su peculiar fauna, pero estos primeros y esperanzadores intentos servirán de poco si no se amplian de cara a años venideros. En las explotaciones del resto de bosques subalpinos seria conveniente no talar grandes extensiones a la vez, sino realizar entresacas respetando algunos grupos de árboles de mas edad, especialmente los que disponen de cavidades.

   Otro importante factor de destrucción del medio subalpino son las pistas de esquí. La ampliación o construcción de nuevas pistas en zonas forestales está totalmente desaconsejado. Es curioso ver como se amplian o se proyecta construir nuevas estaciones de esquí mientras que las existentes, a veces no pueden ni abrir por falta de nieve y la Generalitat de Catalunya las subvenciona o incluso compra. En lugar de subvencionar a empresas privadas, que es evidente que son deficitarias debido a su mal planteamiento, sería bueno ver como se dedica más dinero y esfuerzos (Subvenciones para no cortar, control de las talas, aumento de la guarderia, seguimiento de las especies amenazadas, etc. )para la conservación del rico patrimonio natural de todo el país, del cual la lechuza de Tengmalm es, indudablemente, un elemento destacado.

Agradecimientos

   Son varias las personas que en los últimos siete años han colaborado de alguna manera en este estudio, pero entre todas ellas cabe destacar a Eulàlia Vicens, compañera asidua en la mayoria de escuchas y controles de cajas-nido. Tambien Xavier Parellada ha colaborado en gran medida, así como diversos miembros del dinámico grupo ADENC, de Sabadell, que además de fabricar las cajas, colaboraron en la dura tarea de instalar algunas de ellas. Oriol Muntané, Julià Vidal, Alex de Juan, Miquel Rafa y otros naturalistas han colaborado asimismo en la búsqueda de esta lechuza. Gracias también a Josep Argelich, del grupo ADN, por enseñarnos el único nido conocido en Andorra.

   Debo agradecer también al Servei de Protecció de Natura de la Generalitat de Catalunya, que colaboró económicamente en el seguimiento de la especie entre otoño de 1985 y la primavera de 1988.


Bibliografia

  • Alamany, O. & Ticó, J.R. 1984. Primeras observaciones de Lechuza de Tengmalm en la Península Ibérica. Quercus, núm 13.

  • Alamany, O. & Ticó, J.R. 1984. El mussol de Tengmalm Aegolius funereus. Atlas dels ocells nidificants a Catalunya i Andorra. Ketres Editora.

  • Alamany, O. 1988. El desconegut futur del mussol pirinenc. Boletín de DEPANA, núm 2.

  • Canut, J., Garcia, D. & Marco, J. 1986. Nuevas observaciones de Lechuza de Tengmalm Aegolius funereus en el Pirineo Español (Provincia de Lérida). Pirineos, núm. 128. Jaca.

  • Korpimäki, E. 1981. On the ecology and biology of Tengmalm's owl Aegolius funereus. Acta Universitatis. Series A. Biologica Núm. 13. Oulu. Finlandia.

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Este artículo fué publicado en la revista QUERCUS, núm. 44, en el año 1989, por lo que algunos de los datos citados no se corresponden con la situación o estado de conocimiento actual de la especie.

© 2005, Oriol Alamany and Eulàlia Vicens
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