Fotografiar animales salvajes ha sido siempre una disciplina
extraordinariamente difícil que requiere de unos profundos
conocimientos naturalistas, innumerables preparativos, dominio
de las técnicas fotográficas, algo de suerte e
infinita paciencia.
A
pesar de ello todos hemos visto publicados impresionantes reportajes
sobre la vida del lobo ibérico, preciosas imágenes
de los últimos linces u osos pardos o inmejorables fotografías
de la vida secreta de los urogallos. ¿Como han logrado
estos fotógrafos observar y plasmar en película
los momentos más íntimos de unos animales que
cualquier experto zoólogo estaría feliz con tan
solo divisar durante unos pocos segundos, de lejos y a la escasa
luz del crepúsculo? La respuesta suele ser que, en muchos
casos, los animales fotografiados no son salvajes. Están
prisioneros temporalmente o de por vida en una jaula, de mayor
o menor extensión, pero cautivos al fin y al cabo. Esto
permite al fotógrafo realizar imágenes poco menos
que imposibles de obtener en plena naturaleza. ¿Realmente
alguien tiene en España fotografías de calidad
de linces, osos pardos o lobos en libertad? (*)
El
propósito de este artículo no es el de condenar
de por sí este tipo de fotografía. Nosotros mismos
aprovechamos en numerosas ocasiones las oportunidades que brindan
algunos zoológicos o parques de fauna para poder fotografiar
animales que no hemos visto en veinte años de patear
montañas y que sabemos que probablemente tampoco veremos
en lo que nos queda de vida. ¡Y no hablemos ya de hacerles
fotos!
Como
es lógico, los redactores gráficos de libros y
revistas (que por desgracia no suelen provenir ni del mundo
de la biología, ni del de la fotografía), aceptan
encantados estos primeros planos de animales rarísimos,
sin cuestionar su autenticidad o valor intrínseco a la
hora de compararlos en la mesa de luz con trabajos de quizá
inferior impacto visual, pero realizados con sangre, sudor y
lágrimas en pleno monte. ¿Como hacer valorar ante
un editor nuestras fotografías de Mochuelo Boreal
salvajes, las primeras obtenidas en los Pirineos tras largos
años de trabajo, cuando otros fotógrafos españoles
cuentan con magníficas imágenes logradas en un
conocido zoológico centroeuropeo? En nuestro mismo archivo
fotográfico tenemos imágenes de Búhos reales
salvajes conseguidas tras largas noches de observaciones, preparativos
y duro trabajo, y otras realizadas en cautividad, con su perfecta
y artificiosa iluminación de flash múltiple. Los
editores suelen preferir estas últimas, obtenidas en
una tarde de trabajo en un Centro de Recuperación de
aves rapaces.
Tiempo
atrás nos maravillabamos ante las fotografías
de pumas u osos norteamericanos, algunas incluso realizadas
con objetivos granangulares, hasta que nos enteramos de que
en Estados Unidos hay granjas especializadas en las que alquilas
los animales y por un buen montón de dólares te
los sacan a pasear por donde quieras. Esta técnica está
mucho más extendida de lo que el público cree
y constituye el núcleo de un duro debate en la recientemente
creada NANPA, la asociación norteamericana de fotografía
de la naturaleza. En el First Annual Nature Photography
Forum, que tuvo lugar recientemente, uno de los fotógrafos
asistentes hizo una rotunda afirmación "Las granjas
de fauna salvaje y la fotografía de fauna amaestrada
son a la naturaleza, lo que la prostitución o la pornografía
es al amor". En cambio, según Joe McDonald, asiduo
practicante de este tipo de fotografía, la fotografía
de animales en cautividad evita la persecución y las
molestias a los animales salvajes, y las bellas imágenes
de lobos y osos que aparecen en posters, calendarios y libros
(casi siempre obtenidas en cautividad), ayudan a concienciar
al público en general sobre la belleza y la necesidad
de protección de estos animales. La postura opuesta la
defiende Tom Mangelsen, Wildlife Photographer of the Year 1994.
"No creo que podamos salir al monte y esperar tomar
buenas fotografías sin conocer un poco de historia
natural", dijo. "Pero fotografiando animales en
cautividad no aprendemos mucho. Tenemos una pérdida
de experiencia, una pérdida de conocimiento."
Según Mangelsen, la fotografía de animales controlados
conlleva la desaparición del incentivo de intentar competir
con fotos obtenidas en la naturaleza con las fotografías
obtenidas en cautividad, la pérdida del sentido de la
aventura, la pérdida del orgullo en el propio trabajo
y la pérdida del respeto del público por el trabajo
de los fotógrafos de la naturaleza. Según él,
concierne a los editores y redactores gráficos de las
revistas el poner las cosas en su sitio.
El
debate está abierto y en ese país se empieza a
exigir que las fotos realizadas en cautividad o con animales
amaestrados lleven la indicación de &laqno;Controlled
conditions» claramente impresa en el marquito. Galen
Rowell, conocido fotógrafo alpinista, es uno de los defensores
de la posición intermedia: Fotografías de animales
cautivos sí, pero siempre indicándolo en el marquito
y al ser publicadas. Según él, si no se indica
lo contrario en el pie de foto, el público interpreta
una fotografía de la naturaleza como la representación
de un evento visual que un humano vió realmente en la
naturaleza y logró captar en la película. Revistas
como National Geographic o Natural History suelen
indicarlo claramente. Hace unos años la edición
americana de GEO tuvo que cerrar sus puertas a consecuencia
de la publicidad negativa que le reportó el haber publicado
un fotoreportaje sobre pandas salvajes que, posteriormente,
se descubrió que habían sido fotografiados en
cautividad.
Rowell
cree que los fotógrafos y sus agencias tienen la obligación
moral de indicar en sus fotos si el sujeto está cautivo
o controlado y deben sugerir encarecidamente a sus compradores
que esta información aparezca en las publicaciones de
tipo periodístico, es decir, aquellas en las que el público
va a suponer que lo que se le muestra es verdad. Este aspecto
no es de tanta importancia en usos simplemente ilustrativos,
como posters, la publicidad o la ilustración de guías
de campo. El concurso Wildlife Photographer of the Year de la BBC adopta una postura similar: Cada año premia
algunas fotografías realizadas con animales controlados,
pero obliga a hacerlo constar claramente en la ficha de inscripción
para así poder valorarlas adecuadamente.
Con
ello no se pretende prohibir la fotografía de animales
cautivos o amaestrados, si no que la dificultad intrínseca
de la obra final quede patente. De esta manera el redactor gráfico
puede valorar en su justo valor todas las imágenes con
las que cuenta. Como hemos comentado, algunas revistas americanas
ya publican las fotos especificando en el pie de foto las condiciones
en que fueron obtenidas, para que el lector también pueda
valorar su mayor o menor dificultad. En una ocasión el
redactor gráfico de una publicación rehusó
nuestras fotografías de oso pardo al comentarle que estaban
realizadas en cautividad, y me enseño las que habían
escogido para publicar... ¡tomadas en el cercado de El
Hosquillo!
En
nuestro país todavía estamos muy lejos de esta
filosofía y las publicaciones raras veces indican cuando
una fotografía fué obtenida en condiciones controladas.
Hasta aquí todo tiene un pase y todos hemos comercializado
imágenes de este tipo.
Lo
que sí es un verdadero fraude es cuando estas imágenes
se insiste en hacerlas pasar por reales. Titulares del tipo
"las primeras fotos de ... conseguidas en España",
son un engaño al lector y una afrenta a los fotógrafos
que están trabajando duro para producir resultados de
similar o inferior calidad en plena naturaleza. Una nota sobre
que estas fotografías estan realizadas en condiciones
controladas sería apreciada por mucha gente, aunque quizá
bajaría su valor intrínseco en el mercado y quizás
algunas revistas podrían lucir exclusivas con menos frecuencia.
Personalmente
no nos desagrada fotografiar animales raros en cautividad, siempre
que estén viviendo en buenas condiciones en los grandes
parques de fauna. Los zoológicos clásicos nos
deprimen profundamente, pero un buen parque de fauna nos permite
dar rienda suelta al disparador después de unos días
de sequía fotográfica en pleno monte. De hecho,
estos vastos cercados construidos en su hábitat original
provocan que en muchos casos la observación no esté
ni tan siquiera garantizada. También suele ser necesaria
bastante paciencia, pero es nuestra única oportunidad
de observar a estos seres maravillosos. En una ocasión
tuvimos que volver varios días seguidos a un mismo parque,
incluso muy de madrugada, hasta que logramos ver y fotografiar
unos magníficos pero esquivos linces boreales que durante
el día permanecían dormidos en el espeso bosque
de su gran jaula. Al fin pasamos horas inolvidables mirándolos
y fotografiándolos. Pero desde luego, nos gustaria muchísimo
más lograr verlos en la naturaleza, aunque la calidad
de las imágenes fuera muy inferior.
El
verdadero problema para el fotógrafo de naturaleza que
ha escogido este duro e inseguro oficio para ganarse el pan,
es que cuantas más fotos de animales cautivos se ofrezcan
a las publicaciones, menos factible económicamente será
dedicar meses de esfuerzos en plena naturaleza para intentar
obtener una imagen salvaje. ¡Al fin y al cabo, nadie la
querrá!
Llegado
el caso de que debamos ganarnos la vida fotografiando a la mayoría
de animales entre rejas, quizá cambiemos nuestro actual
trabajo por el de oficinistas y dediquemos los fines de semana
o nuestras vacaciones a obtener malas fotografías de
animales salvajes, siempre tan esquivos pero tan queridos, tan
insensibles a nuestros esfuerzos pero, al fin y al cabo, libres.
(Este
artículo fué publicado en la revista IRIS num.1,
de Otoño de 1995)
©
1995, Oriol Alamany y Eulàlia Vicens. Prohibida
la reproducción
(*)
En 1997, dos años después a la publicación
de este artículo, el fotógrafo Antonio Sabater
realizó un completo reportaje sobre el lince ibérico
en Doñana, con fotos de animales en libertad. Posteriormente también han empezado a verse algunas (pocas) interesantes fotografías de lobos y osos salvajes.